ANTORCHAS

La luna le levanta sobre las primeras casas del pueblo, la calma del bosque se ve alterada por un rumor que crece hasta convertirse en el vocerío de una muchedumbre exaltada, al borde del paroxismo. Los cuchillos, hoces y horcas brillan al ser blandidas bajo la luz de las antorchas. La masa, sin saber muy bien quién o como inició aquella avalancha, marcha hacia la casa del alcalde, o hacia el castillo, o hacia la casa de la vieja que vive sola en el monte… y allí sucede lo inevitable.
Esta podría ser una de tantas escenas que hemos visto o leído en innumerables películas, libros o series, desde Frankenstein a Shrek, y que hoy en día creemos que es cosa de la ficción o del pasado, al menos en estos andurriales que denominamos “sociedad avanzada”.
Nada más lejos de la realidad. Esta escena se repite diariamente miles de veces en miles de lugares a lo largo del planeta, o mejor dicho, en un solo lugar, si realmente lo es, ese que llaman el ciberespacio.
Sin embargo, en las modernas cazas al hombre ya no se blanden hoces y antorchas (sospecho que más de uno se cortaría una mano o se quemaría el pelo, más que nada por falta de costumbre), ni se avanza en manadas, sino que nos basta un teclado de cualquier tipo.
Con la llegada de las “nuevas tecnologías” un término que en si mismo ya se está quedando anticuado, el milenario deporte de darle a la sin hueso para poner al prójimo a caldo, tan arraigado en el ser humano, ha pasado de tener la repercusión local de un campeonato de lanzamiento de huesos de aceitunas a la mundial de unos juegos olímpicos, con consecuencias escalofriantes.
Resulta asombrosamente fácil para cualquiera hoy en día, amparado en el anonimato o a nick descubierto, iniciar una de tales campañas basadas muchas veces en infundios,   en medias verdades, o incluso en hechos ciertos torticeramente utilizados, las más de las veces todo ello bien envuelto en una capa de pretendida justicia, y que ello encuentre eco en miles de personas que en muchos de los casos desconocen todo del asunto y se dejan llevar por un concepto, una moda, el aburrimiento o la pura mala baba.
Y aunque salvo en raras ocasiones este linchamiento supuestamente virtual, pero que es muy, muy real, no acaba con su objetivo en la hoguera, colgado de un árbol o clavado en su puerta, las consecuencias, merecidas o no, pueden ser igualmente devastadoras a nivel personal o social.
La mayoría de nosotros estaría completamente indefenso contra una de esas campañas, pero mientras no nos afectan preferimos ignorarlo o incluso aprovecharnos y montar alguna que otra vez en uno de los caballos de esa Caza Salvaje telemática.
Por una parte, nos encontramos con una débil protección jurídica, agravada recientemente con la despenalización de los supuestos más “leves” de este tipo de actos, lo cual merece ya todo un ensayo y una profunda reflexión, pues lo que para el Juzgador puede ser leve, para la persona afectada puede llegar a ser un drama.

Asimismo nos encontramos con la difusa, móvil y, por qué no reconocerlo, laxa y arbitraria línea jurisprudencial entre la libertad de expresión y el derecho al honor, cuyo dial va recorriendo la escala en función muchas veces de quienes sean el ofensor y el ofendido, sin que pueda llegar a establecerse un criterio claro.
Por otra parte, nos topamos con grandes dificultades técnicas en la persecución de tales conductas, y es que, en todo esto, como en las películas de Louis de Funes, mientras los culpables van en Porsche, los perseguidores van en un dos caballos, habida cuenta de la falta de medios e instrumentos tanto físicos como jurídicos, para la persecución del ciberdelito. Algunos todavía no se han enterado que los Vaquillas cada vez son menos, y que cada vez la delincuencia, como casi todo en esta vida loca que llevamos, se ha pasado de las calles a los bits, y que a pesar de ello se sigue combatiendo el crimen como en tiempos de Jack el Destripador, y casi siempre con los mismos fútiles resultados.
Los lábiles controles de identificación en la red permiten, es más, es lo más común, obtener cuentas e identidades que nos permiten actuar de cualquier forma en cualquier ámbito y medio electrónico sin tener que facilitar ni un solo dato verdadero, y eso nos llevaría a un debate, que no es objeto de esta chapa que estoy soltando, entre si debe primar la libertad o la seguridad en este y en todos los ámbitos de la vida.
En la mayoría de los casos, cuando se produce un delito informático, no se puede investigar quién se encuentra tras el Vengadordulce o Pichafría32. Con cierta lógica, cuando la justicia se decide a lidiar con los oscurantistas protocolos de los proveedores de servicios informáticos, los pocos recursos disponibles se destinan a asuntos graves como delitos sexuales, principalmente contra menores y similares. Nada que oponer, sino reclamar el aumento de tales recursos para que puedan cubrir otros delitos.
Y es que el resto estamos desnudos como gusanos frente a cualquier indeseable. Para obtener una condena, además de las dificultades jurídicas ya indicadas, hay que invertir grandes cantidades en intentar obtener la más mínima prueba y enzarzarse en costosos procedimientos, no siempre con garantías de éxito. Sólo quien dispone de grandes medios puede adentrarse en dichos caminos, y muchas veces la recompensa es magra. Si en algún momento se consigue acreditar que fulanito es el cazador de turno, se le cancela el blog, se anula su cuenta y se le obliga a rectificar, nada le impide acudir de nuevo a la red bajo otro nombre y volver a empezar, y el ciclo continúa, como cuando en los dibujos animados intentan tapar con manos y pies los agujeros que van saliendo en el casco del barco, por no hablar de que resulta prácticamente imposible dirigirse contra todos los que lo siguieron en su “noche de las bestias” particular.
No sé si la solución es dejarlo estar en aras a garantizar la libertad de expresión y apretar el culo para que no nos toque nunca ser la presa, o intentar un mayor control sobre los flujos en la red, con la pérdida de libertades consiguiente, unas libertades de las que muchos componentes de este género humano en el que tan poca fe tengo no saben hacer buen uso.
Lo que si se es que con esta deriva no estamos conduciendo con un mono con una ballesta, sino con un mono con el dedo apoyado en el botón nuclear (y eso que Trump todavía no ha ganado las elecciones).

Y CORREA SE SOLTÓ EL CINTURÓN…

…y se puso cómodo, y empezó a largar (a buenas horas) con el yonkie del dinero reconvertido a yonkie de la atención mediática y gurú de la justicia poética haciéndole los coros desde Valencia, que se le abren a uno las carnes y se le agrian los humores de oír hablar con tanto descaro y desparpajo del trasiego de dineros e influencias y de los “hurtamientos” públicos a los que al parecer se dedicaron algunos con verdadera vocación, denuedo y fruicción a partes iguales durante años y ante nuestras narices.

Era el momento esperado, el momento para el que se estaba preparando la oposición desde que todos aprendimos la traducción del alemán de la palabra gürtel. Después de tantas negativas en directo (o vía plasma) y sarcasmos en diferido, trapicheos judiciales y navajazos políticos, tocaba recoger la cosecha de las investigaciones realizadas contra viento, marea y políticos, y resulta que las mieses se van a pudrir en los campos porque no hay nadie para recoger los frutos de tanto esfuerzo.

Y ello porque resulta que casualmente ha sido el momento esperado por las huestes susanistas para cruzar su Rubicón particular justamente cuando venía más crecido (que ojo tenemos, oiga), con el sigilo y discreción de una banda de hooligans blasfemando en un salón de té, y luego perderse camino de Roma, porque ahora parece que no saben pa donde tirar.

El resultado, en todo caso, es que el Partido Popular va a cruzar el bache de credibilidad más profundo desde su creación pisando alegremente sobre las cabezas de sus enemigos, sin ensuciarse el dobladillo con la mierda del fondo, de rositas y sin tener que enfrentarse a unas elecciones porque me juego las patillas a que Rajoy gana la investidura mientras el PSOE le canta aquello de “Pisa morena, pisa con garbo…”. Y es que lo último que me faltaba por oír era a los nuevos “dirigentes” socialistas recogiendo la consigna de la Vicepresidenta Saez con pinta de niña de Santamaría de que las Gürtels, las Taulas, Palmarenas, Bárcenas, Acuameds et j’en passe son cosa del pasado y pelillos a la mar… que solo le falta eso, a la pobre.

Luego, dentro de cuatro años, y suponiendo que un PSOE cainita y descabezado o un Podemos cual águila bicéfala y casquivana consigan hilvanar un remedo de oposición, ya que no cuento ni a los Ciudadanos que giran al sol que más calienta ni a los nacionalistas, puesto que a este paso las nuevas fronteras de España van a estar en La Rioja y en la Franja de Aragón, todo esto será realmente pasado, los nuevos desmanes se habrán hecho con más tiento, y seguiremos en las mismas o en las peores, sea con don Mariano o con otro, eso ha dado siempre igual, pues muchas son las cabezas de la Hidra.

Según las últimas noticias, unos señores trajeados a las puertas de Génova 13 han sacado una gaviota de una caja, la gaviota ha visto su larga sombra, y que no había nadie que arrojase luz sobre el futuro, y han vaticinado que el invierno será muuuuuuuuy largo…

¡CHSSSSST…!

En los últimos tiempos, los señores gobernantes, esos mismos a los que veíamos la semana pasada ufanarse en París y lamentar el ataque irracional y descerebrado a una revista satírica pero que aquí se dedicaban no hace mucho a perseguir, denunciar, censurar o secuestrar a “El Jueves”, que al lado de “Charlie Hebdo” parece la hoja dominical de las Madres Ursulinas,  se han dedicado a aprobar o proponer una serie normas que tienen como resultado, si no como objetivo, aumentar su capacidad de injerirse en nuestra viva privada o coartar la capacidad de la ciudadanía de expresar libremente sus opiniones, o asegurarse de que quienes las promueven no serán molestados con protestas que, de todos modos, suenan “como zumbidos de moscas en sus oídos”, como diría Sinhoué el Egipcio.

Entre otras perlas, encontramos la Ley de Seguridad Ciudadana, o “Ley Mordaza”, con eso te lo digo tó y no te digo ná, que en su artículo 30 atribuye a los organizadores de reuniones o manifestaciones la responsabilidad por las infracciones en que puedan incurrir los manifestantes.

Y digo yo, ¿Quiénes son los participantes? ¿Cómo se diferencian de cualquier otro paisano que pasara por allí inocentemente o con aviesas intenciones? ¿Llevan un cuño, un tatuaje, un clavel en el ojal, una chapa en la oreja como las vacas? ¿Cómo diferenciarlos de los revientamanifestaciones y vándalos varios que cometen tropelías sin tener nada que ver con la causa que se defiende? O incluso teniéndolo, ¿Cómo pretenden que los organizadores de una manifestación legitima controlen a mil, dos mil, treinta mil personas? ¿Condenarán al Real Madrid o al Barça, o al Alcorcón por los daños que se produzcan alrededor de sus celebraciones?.

Moraleja: Cuídate bien de promover cualquier manifestación que te va a caer la del pulpo.

Pero aun imaginando que se convoca la manifestación, que usted acude a ella o simplemente pasea por las inmediaciones y que las fuerzas de seguridad le aporrean sin querer, no se le ocurra echarle una foto al mamporrero en cuestión para que sirva como prueba, porque el artículo 36 de esa joya legal lo considera una infracción grave.

Y tampoco se le ocurra, si se ha quedado en casa por si llueven porras, botes de humo o pelotas de goma, o porque no es mucho de salir, pero le parece bien lo que se está diciendo, desperezar el pulgar y enviar un mensajillo de ánimo a los manifestantes, pues a poco que la marcha no esté autorizada, cosa que para la mayoría es imposible saber, le pueden caer de tres a 12 meses de multa, es decir, a ojo de buen cubero entre 540 y 2.000 y pico euros, o entre tres meses y un año de talego, gracias a la reforma del Código Penal que se insinúa en el horizonte.

Pero aunque usted ni siquiera levante un dedo, literalmente, no se preocupe, que le pueden condenar tan ricamente por leer. Si por curiosidad, por afán académico, o porque sí, que las intenciones no quedan reflejadas en ningún servidor, consulta determinadas páginas consideradas peligrosas (y no son las de determinados partidos políticos, ni las de dos rombos), una bonita enmienda propone que le lleven a su casa no una pizza o un kebab, sino hasta ocho años de cárcel encargados directamente desde su sillón.

En esta línea de controlar al personal, la  última incorporación es la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que pretende ampliar las circunstancias en las que se pueden practicar escuchas sin control de ningún Juez.

Es decir, que cuando la policía lo considere conveniente puede pinchar el teléfono o poner escuchas domiciliarias sin consultarlo a quienes son garantes del cumplimiento de las leyes y el respeto a nuestros derechos fundamentales: Los Jueces. Eso sí, han de comunicárselo después, pero aunque el Juez las considere ilegales a posteriori, el mal ya está hecho.

Que si, que se supone que debemos confiar en las fuerzas policiales, y seguramente en el 99% de los casos se haga buen uso de esta facultad, pero vaya, uno no puede dejar de pensar que quienes velan por nosotros son personas corrientes, que les estamos dando los medios, y la oportunidad, y que la tentación no vive arriba, sino que compartimos piso con ella.

Pero no se preocupe usted, que todo esto es por nuestro bien y por nuestra seguridad, según nos dicen, que si usted es un buen chico, no protesta por cosas inadecuadas, no ve páginas peligrosas o no comete delitos que en virtud de las circunstancias puedan considerase de especial gravedad, no tiene nada que temer de estas medidas.

El problema de todo esto, el mayor problema, es que cada vez se están desdibujando más los límites, que con la vaselina de la inseguridad cada vez estamos haciendo haciendo mayores concesiones a la arbitrariedad, que los que deciden lo que es “peligroso”, “inadecuado” o “especialmente grave” pueden bajar el listón poquito a poco, que el cerco, la mordaza que están tejiendo con nuestros miedos cada vez está más apretada, que Dios quizá aprieta y no ahoga, pero que estos no son más que humanos.

Y porque los vientos pueden soplar de todas direcciones, porque aunque uno piense que su ideología, su religión o su estilo de vida lo protegen de los efectos secundarios de estas píldoras de seguridad, porque nunca se sabe quién va a decidir en el futuro hacia donde apuntará el brazo de la Ley, y aunque está muy manido y a alguno le parezca cursi o exagerado, termino con el famoso discurso de Martin Niemöller:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista, cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata, cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista, cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío, Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”.

Hala, córtenme las puntas, que me ha quedado un pelín largo…

OTHAR

Othar era el nombre del caballo de Atila el Huno, y este dato no es más conocido porque el pobre bicho no ha pasado a la historia precisamente por su nombre, sino por ser el primer mamífero herbicida conocido, pues se dice que allá por donde pasaba ya no volvía a crecer la hierba, de modo que nadie podía ya jugar al golf  entre las Llanuras Danubianas  y el Mediterráneo.

 

Así como a pesar de la brevedad del reinado de Atila sus huestes bárbaras causaron tamaña desolación, las huestes del de las barbas,  ustedes me entienden, a pesar del poco tiempo transcurrido desde su advenimiento, van camino de dejar nuestro “estado del (relativo) bienestar”, como diría Dinio “más pelao qu’el chochouna rana”, donde ya no crecerá ni la hierba ni los brotes verdes, sino a lo sumo la mugre.

 

En cuatro días estos unos, con la pasividad catatónica de los otros, han dejado el sistema educativo público hecho unos zorros, recortando becas, limitando recursos, primando los centros privados y los concertados seguidistas sobre los públicos, estableciendo, pues, las bases duraderas de una educación clasista y excluyente, y lo mismo cabe decir del sistema sanitario público, camino de quedar reducido a poco más que una máquina expendedora de tiritas, eso si, con copago, de forma que nos veamos abocados a volver al chamanismo.

 

En la misma línea encontramos todas las medidas que han limitado hasta límites inconstitucionales el acceso al sistema judicial del común de los mortales, los recortes de los recursos a la justicia, que ya se ha pasado a las bragas de esparto y ha empeñado las balanzas y la espada, la pobrica, la legislación a la carta según el apetito y las necesidades de los afines, y la reforma psicodélica del sistema penal y de enjuiciamiento criminal.

 

En el plano fiscal encontramos el progresivo aumento de las tasas e impuestos indirectos, los que paga tododios, vamos, tenga o no tenga, mezclado con algunas rebajas con el IRPF igual que yo les endilgo a mis gemelas el puré de verduras mezclado con el yogur, para que pase, pero que no deja de ser puré de verduras. A mi me enseñaron de bien chiquito que cero por cero es cero, y que por mucho que me rebajes el tipo de retención de un sueldo que no tengo, sigo sin sueldo.

 

El futuro nos presenta un panorama en el que mientras todos los países con dos dedos de frente, o con cuatro, están virando hacia las energías renovables, aquí, donde éramos pioneros y punteros y no falta la materia prima, seguiremos aferrados a los combustibles fósiles que nos hacen depender de terceros o nos llevan a prospecciones asesinas,  y donde en pocos años el I+D se verá reducido a volver a averiguar cómo se usa la yesca y el pedernal.

 

En el presente, vivimos un escenario donde uno de cada cuatro niños pasa hambre donde para aligerar las cifras del paro se obliga a los desempleados a jubilarse a los 63 mientras que para ahorrarse las pensiones a los demás se les obliga a jubilarse a los 67 (parece de idiotas, ¿verdad?), donde se reduce la duración y se endurece la concesión de las bajas por enfermedad, donde se obliga a tener niños dependientes mientras se retiran las ayudas a la dependencia, donde quienes cobran el salario mínimo alcanzan límites máximos, y donde los que no tienen salario alguno se salen ya de las tablas, donde se fomentan los “despidos a 100” mientras, cerise sur le gateau, como última perla, nos encontramos con que ahora tributarán esas menguadas indemnizaciones por despido, donde, colmo del cinismo, quienes han traído todo esto parecen exigir que se les agradezca ¡ Oh bwana! que no suban más los impuestos o que abran comedores de caridad.

 

En definitiva, nos han robado, no, mejor, les hemos regalado el coche y lo están vendiendo por piezas. Quedan todavía como poco dos años, y no van a quedar ni las ruedas. La mayoría quedará a pie y sin rumbo mientras que a unos pocos, cual jinetes del apocalipsis, les será más fácil dominarla y marcarle el camino desde lo alto de sus caballos herbicidas, apacentándola, a falta de dignidad, con “ayudas”, caridad y sobras. Lo que venía siendo la humanidad de toda la vida, vamos, antes de que a algunos se les ocurriera que podía mejorarse. Ilusos.

 

P.S.: Perdónenme que me repita en mis cuitas, pero es lo que pasa cuando a uno no le dan de comer más que ortigas y ajo picado.

… A BARRABÁS

              En los últimos tiempos se ha puesto de moda entre los chorizos y saltimbanquis varios y de todo pelo que garrapatean por nuestro país, una vez utilizadas, pisoteadas, retorcidas, violadas y desvirtuadas todas las instancias judiciales, el pedir el indulto, para pervertir la última institución que les quedaba.

             A pesar de que el indulto es por naturaleza una medida excepcional, ahora los jerifaltes caídos lo piden  como quien pide la vez en la pescadería, y lo que es peor, todos los gobiernos, ya sean de para acá o de para allá, se lo conceden con la misma ligereza. Es más, los unos indultan a los pecadores de los otros, porque ya se sabe, hoy por mi, mañana por ti.

             Y aunque el indulto debería fundarse en razones de equidad, oportunidad o conveniencia pública, en tales casos, y en algunos otros, responde únicamente al capricho del gobierno de turno y en ningún caso, ni cuando es justo ni cuando es arbitrario, se publican las razones que lo propiciaron, cual de los misterios de una religión o de una logia masónica se tratara.

            Pero quizá uno de los aspectos  más sangrantes de este mercadeo es que antes el trapicheo se hacía con cierta discreción, el indultado agachaba la cabeza agradecido y aguantaba el chaparrón que le caía en uno o dos telediarios.

            Ahora, por el contrario, como si de un reality se tratara, los candidatos a ser salvados se pavonean en la televisión y los medios anunciando a los cuatro vientos que van a pedir el indulto, con coros y palmeros que avalan a los pobrecitos corruptos y defraudadores sin que les de ya ningún apuro que se les vea aplaudiendo a sus amigotes, y con un cartelito abajo que pone, si quieres salvar a fulano, llama al 666… coste de la llamada gratis, puedes ganar una contrata de basuras, la gestión de un hospital, un puesto en una compañía eléctrica o de comunicaciones y miles de sobres sorpresa.

            Y es que, si a uno lo dejaran participar en el concurso, presentado evidentemente por Jorge Poncio Pilatos, tendría claro a quién elegiría, a Barrabás, porque al menos con los Barrabases de este mundo sabes a qué atenerte, pero los otros te la clavan con ahínco, y no haré la rima…

            Entre los casos de candidatos al indulto de oro más recientes encontramos al señor Del Nido, al señor Matas, al ex Alcalde de Torrevieja  y probablemente al afortunado señor Fabra, pero no nos engañemos, la cosa viene de antiguo.

            Así, mirando por encima, centrándonos en políticos corruptos y financieros sin escrúpulos, y sin contar el extraordinario caso del kamikaze condenado a trece años que merece un monográfico, nos encontramos con que en 2012, en tan solo cuatro meses se indultó a seis condenados por corrupción, más un ex alcalde y tres concejales, en 2011 a cierto banquero a quien el indulto le permitió volver a dedicarse a aquello por lo que lo habían condenado, a un ex director de una caja rural y a dos directivos de una importante empresa condenados por fraude, y ya en el siglo pasado se indultaba impúdicamente a tres condenados por el caso Filesa o a un ex alcalde de IU, todos ellos indultados por evidentes razones de equidad, oportunidad y conveniencia pública que nunca conoceremos.

            Pero lo que no podemos olvidar, lo que no deberían olvidar quienes piden y se benefician del indulto, lo que no deberíamos dejar que olviden los señores indultados, es que, aunque no cumplan la condena, siguen siendo CULPABLES.

PAN CON PAN

Uno es sensible y se le abren las carnes cada vez que ve el anuncio aquel de la televisión en el que una madre en carestía le da para merendar a su hija dos rebanadas de pan, diciéndole que es un bocadillo mágico y que puede imaginar que está relleno de lo que quiera, para que la fértil y famélica imaginación infantil le lleve a creer que efectivamente está comiendo algo riquísimo.

Esta escena, que puede chocar a muchos jovenzuelos pero que a los que rondamos la cuarentena nos recuerda situaciones que vimos de demasiado cerca en nuestra infancia, antes de que nos llevaran a vivir a una Jauja de cartón-piedra, y que por desgracia vuelven a ser demasiado comunes en nuestros días, puede equipararse a lo que están haciendo con nosotros nuestros queridos gobernantes estas últimas semanas.

Los que un día se burlaron de aquella ingenuidad de los brotes verdes, ahora nos quieren hacer creer que vivimos en el bosque de Sherwood, nos bombardean anunciándonos que el fregado en el que nos metieron aquellos que desarrollaron a ultranza sus ideas de ultraliberalismo, que, dicho sea de paso, solo les gusta cuando se llenan los bolsillos, porque cuando vienen mal dadas se vuelven los más intervencionistas del mundo, que la crisis, dicen, se acabó en este país de sagitario, que de todas partes del mundo nos tiran los millones a la cabeza, que está entrando el dinero a espuertas, que la economía se recupera, que llueve bebida y nieva comida, como dirían los hobbits, que los adoquines son de pan y vuelven a correr los ríos de leche y miel.

Y así, a lo mejor, a fuerza de decírnoslo, nos lo creemos, y seguimos comiendo pan con pan, como los tontos, aguantándoles a ellos y todo lo que nos echan encima y pensando que es maravilloso.

Y lo peor de todo es que quizá sea cierto, que nuestra deriva ya no es tan mala, que vuelven los recursos, que la fortuna vuelve a sonreír, pero dicha sonrisa está reservada a unos pocos que aprovechando la situación para hundir al común de los ciudadanos y elevarse pisoteando sus cabezas para que no puedan volver a levantarse, se encuentran ahora solos en lo alto del montón para apropiarse de ese maná.

Porque mientras se sigan estrangulando los recursos destinados a educación, sanidad, investigación y desarrollo, asistencia social etc… y sin embargo se siga malgastando el dinero a espuertas en fastos, sueldos, sobresueldos y veleidades y el tiempo en discusiones baladíes; mientras los bancos pregonen y multipliquen sus beneficios y sin embargo sigan desarrollando una gestión mefistofélica y cada vez den menos a cambio de más; mientras algunos hagan ostentación de una riqueza indecentemente adquirida y sin embargo cada vez más gente no solo pasa hambre sino que se le priva el acceso a aquellos productos y servicios que podrían mejorar su situación actual y garantizar su futuro y el de sus hijos, condenándolos a engordar una nueva casta de intocables; mientras se usen las leyes para consolidar un ideario e instaurar un nuevo thermidor y sin embargo se sigan atando las manos y levantando las faldas de la Justicia para que los “magnates mangantes” escapen entre sus piernas, no podré dejar de tener la sensación de que nos están mintiendo o, al menos de que nos están robando el relleno del bocadillo.

FERRAGOSTO

Hay un antes y un después de Ferragosto, el día que marca la verdadera mitad del año. Conforme se acerca la fecha, el mundo se ralentiza, se sumerge en una especie de gelatina espacio-temporal compuesta de calor, sudor, vacaciones, y la extraña sensación de que no hay nada más allá del quince de agosto.

Los comercios cierran, las administraciones se paralizan (aun más), las televisiones se dedican a reponer truño sobre truño, los periódicos menguan, aunque no su precio, los programas deportivos se dan cuenta de repente de que, ¡Oh! maravilla, hay otras disciplinas como el atletismo, la petanca o las chapas, y la gente reduce su actividad al máximo, como una especie de hibernación estival, esperando el rasante, la ola que nos permitirá superar el arrecife, el deshielo más allá del cual la vida continuará su curso, un tanto precipitadamente.

Estamos en esos días mágicos, o infernales, según se mire, en esa semana en la que la vida se echa la siesta.

Pero este año algo es diferente. Cada verano, los políticos cerraban el chiringuito, los mercachifles enterraban el hacha de guerra y la cambiaban por el rastrillo de plástico, y los medios no tenían nada para llevarse al colmillo más que las formas de las bañistas chisporroteando al sol, las pateras, las colas, los guiris, los espetos, el posado de la Obregón, las fiestas del pueblo y las denominadas “serpientes de verano”.

Este verano, sin embargo, subrepticiamente, algo se agita en este nuestro pantano ibérico por debajo del barro, y no son precisamente serpientes de verano, sino peligrosas anacondas del tamaño del cuello de culturistas sobreciclados que en cualquier momento pueden surgir y darnos el “apachusque” del que no nos salva ya ni el “santoleo”, o corrientes de cieno (llamémoslo mierda, por qué no), que se pretende hacer circular ahora que estamos medio atontolinaos.

Así, a principios de agosto, Mr. President salió a destilar aguachirli en el Congreso, con la mitad de la población con los pies en el mar y la otra por esos mundos de Dios, y los menos afortunados surfeando en el sofá y enganchados a aquello de “Sálvame cuando no pueda más en el Campamento de Verano y me tire Puente Viejo abajo”.

Luego, al alba, con viento de levante, vino lo de Gibraltar, por un tirame allá esos bloques, y todos a sacar las banderas rojigualdas y los bañadores apretaos, que somos españoles, coño, con los Civiles montando pirulas en la verja, los ingleses montando naumaquias en el estrecho y nosotros amenazando con ir a la ONU a reivindicar nuestros derechos y hacer valer nuestro “peso internacional” (risas).

Mientras, en pleno Ferragosto, con canícula y alevosía, pasa a declarar por el Juzgado la plana mayor del Partido de los Pájaros por aquello de los sobres, con todo el mundo mirando pal chiringuito, para que no se note.

Y, finalmente, in cauda venenum, asoman en el pantanal las burbujas del próximo bicho que van a soltarnos, la rebaja de los sueldos en un diez por ciento, insinuada por la Sra. Lagarde, que al mismo tiempo tiene el morro supremo de subirse el suyo un once por ciento, y coreada por sus palmeros europeos. Si es verdad aquello de que Dios aprieta pero no ahoga, casi mejor nos pasamos a la teocracia, porque con las manos de estos cabrones al cuello la cara ya nos pasa del azul gaviota al morado anochecer. Digo yo si no será la solución hacer que el FMI y la Unión Europea trasladen sus sedes a Tomelloso, a ver si entonces tienen huevos de bajar los sueldos en España.

En resumen, todo esto está pasando, pero apenas lo vemos a través de las legañas post-cabezadita, y, si lo vemos, nos la trae al pairo, que se está muy bien en la tumbona (Maria, de paso que te rascas la oreja llégate a la nevera y tráeme otro zumo) y a este paso la sensación de que no hay nada más allá puede llegar a ser algo más que una sensación. ¿Conocéis el chiste del mete-saca? Pues abrid las piernas.