CONTRA LA MAYORIA ABSOLUTA

Hoy estoy poco imaginativo, ahogado en dolor viendo el estado del país y sin ganas de florituras, así que pido disculpas si el plato que sirvo es seco, fibroso y difícil de digerir.

Quizá sea descabellado, pero ante todo lo que ha pasado este año, y con la puntilla de la Ley de tasas judiciales, promulgada con nocturnidad, alevosía, entre semana y camuflada entre el revuelo generado por las elecciones catalanas y el run run de la independencia, me he empezado a cuestionar si es sano en democracia que un partido político tenga mayoría absoluta.

No quiero que parezca que esta reflexión es una pataleta porque no me gustan las decisiones del gobierno actual, que no me gustan. Mi zozobra alcanza igualmente periodos anteriores, y gobiernos de otro signo, pues seguro que alguno de vosotros podrá recordar leyes y estacazos como el que nos han metido hoy fruto de gobiernos diferentes.

Y es que, por buenas que sean las intenciones de un gobierno, por muy de acuerdo que se esté con sus ideas, ninguno se resiste a “tirar p’adelante” aprovechando la ventaja de la mayoría absoluta y cometer barbaridades sin mirar a derecha ni a izquierda (es un decir).

Mi reflexión es la siguiente, y que me corrija quien alcance a ver en ello inconvenientes que yo no pueda percibir cegado como estoy por la rabia asesina que me corroe: ¿Seria bueno que, legalmente, ningún partido pudiera alcanzar la mayoría absoluta?

Podría establecerse que un partido pudiera obtener como mucho los escaños necesarios para la mayoría absoluta menos uno, de forma que siempre cupiera la posibilidad de que los demás pudieran frenar o moderar eventuales desmanes, o al menos obligarlo a escuchar y atender lo que tengan que decir.

Lo que no es aceptable es que se hagan leyes derechicidas como la ley de tasas, por decir una, que eliminan los derechos y libertades fundamentales que tanto nos ha costado obtener, abriendo simas de injusticia entre los ciudadanos, castigando y golpeando sin que exista medio alguno de defenderse.

Y no me hablen de un tribunal constitucional que, como mucho y si alguien se decide a plantear un recurso de inconstitucionalidad, decidirá lo que le venga en gana dentro de seis o siete años  (Ni pensar quiero en la tasa que habrá que pagar por tamaño recurso).

Si llegáis a leer esto, os lo agradezco. Si me sacáis de mi error mediante un comentario, os lo agradezco doblemente. Si compartís mi opinión, difundid este pensamiento.

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