FELIZ 2017

Hace casi un año, cuando la candidatura de Donald Trump a la Presidencia de los Estados Unidos de América pasó de ser un chiste a una posibilidad más que seria, me dio por reflejar mis temores al respecto en un desvarío que titulé “La Trampa de Trump”.

Mi inquietud aumentó cuando, una vez elegido, se trocó de encantador de serpientes  en director de circo y empezó a elegir para su gobierno a lo mejor de cada casa.

Nadie puede estar tranquilo viendo como el muy lumbreras nombra jefe de la diplomacia a un amiguete de Putin y Presidente de Exxon, como responsable de educación a una paladín de los colegios privados, como responsable del Tesoro a un exdirigente de Goldman Sachs (si, esos que soltaron la mierda en la que nadamos hoy), como responsable de medio ambiente a un señor que niega el calentamiento global y como Secretario de Defensa a otro que llaman “Perro Loco”, seguro que porque es todo bondad y conciliación, entre otros, y que además resulta que son el ramillete de gobernantes más ricos de la historia, seguros adalides, pues, de la igualdad de clases.

Vamos, que solo le falta poner a pirómanos reincidentes al frente de todos los parques de bomberos y chamanes en los hospitales públicos, e incluso se rumorea que en CSI van a cambiar a David Caruso por Charles Manson.

No se puede negar que a día de hoy la trampa se ha cerrado.

Pero tengo que reconocer que todas mis preocupaciones eran infundadas y que ya no temo a la incertidumbre creada por la elección de Trump, porque ahora tengo la absoluta certeza de que vamos a morir todos.

Y es que a la llegada de Trump y sus Jinetes del Apocalipsis, se suma el hecho de que a su rebufo han cobrado fuerza y han salido a la luz otras calamidades igual o más nefastas para nuestro futuro. Cual chiquillos haciendo travesuras, adolescentes ligando un domingo por la tarde,  invitados acechando los canapés o humanos en cualquier actividad gregaria que se tercie, una vez que el primero se ha decidido, todos van detrás.

Cierto es que antes del advenimiento de esta mezcla de Daniel el Travieso y Hulk que se va a mudar a la Casa Blanca ya andaban los orcos agitándose por ahí, máxime desde aquello de la crisis que nos cayó o nos soltaron encima y que tan bien les ha venido a los de siempre para medrar a costa de los demás.

Ya por entonces los movimientos de extrema derecha crecían en poder e intensidad en muchos países, como Francia, Holanda, Grecia, Austria, entre otros.

Igualmente, algunos líderes empezaban a cuestionar la autoridad de las instituciones en las que años antes se morían por entrar, como Hungría y el resto de los países del Grupo de Visegrado (Polonia, República Checa y Eslovaquia) ejerciendo una disidencia permanente en la Unión Europea, por no hablar de los países Balcánicos (Ah, los Balcanes, ese bonito avispero), e incluso países que en el último siglo se habían constituido en pilar de las alianzas occidentales y de la propia Unión decidían largar velas y volver a su aislamiento atlántico.

Y por si faltara poco, Mr. Putin, tras acabar de reunir los pedazos de la URSS y constituirse en el nuevo “padrecito”, iba más allá de las bravatas en cueros colgadas en internet y tanteaba la fuerza y decisión del resto de países fomentando sin querer queriendo la secesión en Ucrania, apoyando al régimen sirio o mandando a pasear sus aviones por El Ferrol.

Pero desde la llegada de Trump, todos aquellos que actuaban desde las sombras o al menos desde la excepción han dado un paso al frente y de ser reprobados como “políticamente incorrectos” y se han convertido en nueva tendencia, igual que la vuelta de los pantalones fuseau (otra señal de que el mundo se acaba). El “saltemos por los aires” es el nuevo negro.

Porque ahora va y resulta que se descubre que Rusia fue la que propició y auspició el vuelco electoral en USA, y todo el mundo acepta el hecho tan naturalmente, y Putin actúa ya abiertamente como potencia predominante en oriente medio.

Las neoderechas ya no son una anécdota sino una alternativa cuando no una realidad de gobierno en muchos países, y los que todavía no lo son (en Austria se han librado por los pelos) se frotan las patitas como la Sra. Le Pen. Ya no son los parias políticos, sino los amos del cotarro.

Y, por si fuera poco, se deshilachan las uniones y alianzas que mantenían un precario equilibrio en este de natural convulso mundo nuestro, con Trump (si, otra vez ese que en breve podrá apretar el botoncito nuclear como quien tira de la cadena) ciscándose abiertamente en una esclerótica ONU que tiene los días contados, los socios de la Unión Europea más mosqueados que la familia Annibal Lecter en nochebuena, barriendo cada uno pa su casa y echando incienso en el cadáver de la abuela mientras se reparten las joyas, e Israel que ya no se “ajunta” con medio mundo a dos pasos de una cuna de la civilización” campan a sus anchas varios miles de ceporros deseosos de acabar con ella, medrando en la lucha de poderes políticos y económicos que tienen allí su campo de juegos (y sus campos petrolíferos).

Por no hablar de la que tenemos liada por esta Iberia nuestra… pero esa es otra historia.

Señores, disfruten del 2017, que podría ser el último…

Y CORREA SE SOLTÓ EL CINTURÓN…

…y se puso cómodo, y empezó a largar (a buenas horas) con el yonkie del dinero reconvertido a yonkie de la atención mediática y gurú de la justicia poética haciéndole los coros desde Valencia, que se le abren a uno las carnes y se le agrian los humores de oír hablar con tanto descaro y desparpajo del trasiego de dineros e influencias y de los “hurtamientos” públicos a los que al parecer se dedicaron algunos con verdadera vocación, denuedo y fruicción a partes iguales durante años y ante nuestras narices.

Era el momento esperado, el momento para el que se estaba preparando la oposición desde que todos aprendimos la traducción del alemán de la palabra gürtel. Después de tantas negativas en directo (o vía plasma) y sarcasmos en diferido, trapicheos judiciales y navajazos políticos, tocaba recoger la cosecha de las investigaciones realizadas contra viento, marea y políticos, y resulta que las mieses se van a pudrir en los campos porque no hay nadie para recoger los frutos de tanto esfuerzo.

Y ello porque resulta que casualmente ha sido el momento esperado por las huestes susanistas para cruzar su Rubicón particular justamente cuando venía más crecido (que ojo tenemos, oiga), con el sigilo y discreción de una banda de hooligans blasfemando en un salón de té, y luego perderse camino de Roma, porque ahora parece que no saben pa donde tirar.

El resultado, en todo caso, es que el Partido Popular va a cruzar el bache de credibilidad más profundo desde su creación pisando alegremente sobre las cabezas de sus enemigos, sin ensuciarse el dobladillo con la mierda del fondo, de rositas y sin tener que enfrentarse a unas elecciones porque me juego las patillas a que Rajoy gana la investidura mientras el PSOE le canta aquello de “Pisa morena, pisa con garbo…”. Y es que lo último que me faltaba por oír era a los nuevos “dirigentes” socialistas recogiendo la consigna de la Vicepresidenta Saez con pinta de niña de Santamaría de que las Gürtels, las Taulas, Palmarenas, Bárcenas, Acuameds et j’en passe son cosa del pasado y pelillos a la mar… que solo le falta eso, a la pobre.

Luego, dentro de cuatro años, y suponiendo que un PSOE cainita y descabezado o un Podemos cual águila bicéfala y casquivana consigan hilvanar un remedo de oposición, ya que no cuento ni a los Ciudadanos que giran al sol que más calienta ni a los nacionalistas, puesto que a este paso las nuevas fronteras de España van a estar en La Rioja y en la Franja de Aragón, todo esto será realmente pasado, los nuevos desmanes se habrán hecho con más tiento, y seguiremos en las mismas o en las peores, sea con don Mariano o con otro, eso ha dado siempre igual, pues muchas son las cabezas de la Hidra.

Según las últimas noticias, unos señores trajeados a las puertas de Génova 13 han sacado una gaviota de una caja, la gaviota ha visto su larga sombra, y que no había nadie que arrojase luz sobre el futuro, y han vaticinado que el invierno será muuuuuuuuy largo…

BREXIT

Tienen diferentes pesos, diferentes medidas, diferente moneda, un sistema legislativo distinto al continental, se las arreglan para no aplicar o excluirse de la mayoría de leyes europeas (no están el Shenguen, ni en el euro, por ejemplo) y hasta conducen por el lado opuesto de la carretera.

Si, son nuestros amigos los ingleses, que el próximo día 23 de junio votan si se van o se quedan en eso que, ya con cierta rechufla, creo yo, se viene llamando la Unión Europea.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, no se qué diferencia va a haber si se quedan o se van quienes nunca llegaron a estar demasiado.

Ellos seguirán viniendo a incinerarse a Torremolinos o a Benidorm, conduciendo por la izquierda, desafiando al sistema métrico, adorando a su Reina, que Good salve muchos años, porque cuando la palme aquello va a ser la traca, defendiendo a bombín y paraguas sus iconos (léase “England, England” de Julian Barnes, de obligada lectura) y decidiendo sobre el destino continental desde Whitehall y la economía mundial desde la City como hasta ahora, desde la distancia, como quien toca una caquita de perro con un palo.

Nosotros seguiremos yendo a Londres y enamorándonos inexplicablemente de esa ciudad, añorando una campiña en la que la mayoría no hemos estado, destrozando su idioma, teniéndolos como referente cultural y de moda, comprando en Harrod’s bagatelas a precio de oro y jurando por Lady Di que la BBC es la mejor televisión del mundo.

La cosa esta del referéndum no es nueva, ya lo intentaron en 1975, pero si en aquel entonces ganó claramente la permanencia, las encuestas muestran que en esta ocasión la cosa no está nada clara, y que lo que nació como una maniobra electoral de David Cameron para mantenerse a flote en 2013 va a transformarse en un obús desbocado que puede estallar a cualquiera de los dos lados del canal.

En todo caso, si se tiene en cuenta que la gran mayoría, por no decir la totalidad, de actores económicos, desde las grandes empresas e inversores hasta la propia Hacienda Pública Británica o el Banco de Inglaterra, auguran una significativa recesión de la economía Británica, así como una merma de la influencia del país en la geopolítica global, cabe preguntarse a qué tanto entusiasmo y tantas ganas de largarse como muestra una parte de la sociedad.

A nivel de ciudadano medio, es comprensible que se dejen llevar por los temores que, por otro lado, son los de muchos otros países de la UE, y que explotan de forma populista los defensores del brexit, a saber, la inmigración y la injerencia de la Unión Europea en la política británica.

Sin embargo, debe tenerse en cuenta de que mucho antes de que naciese nadie capaz de imaginar que “unión” y “europea” pudiesen contenerse en una misma expresión sin partirse la caja de la risa, el Reino Unido, Inglaterra, Gran Bretaña, Las Islas Británicas y todas sus variantes ya eran objetivo, por su prosperidad y oportunidades, de todo tipo de inmigración, mucho más acusada de la que puedan estar protagonizando hoy en día los ciudadanos de la Comunidad Europea.

Dejando aparte los tópicos de los invasores sajones, daneses y normandos que forman la base de la población británica pure souche actual, han llegado a sus costas cual aluvión del río de la historia hugonotes franceses, judíos de toda procedencia, exiliados políticos y económicos de todo pelaje, rusos rojos, rusos blancos, griegos, italianos o  irlandeses, por no hablar de los inmigrantes “autoimportados” de las colonias del imperio, indios, pakistanis o caribeños, entre otros, y eso no va a cambiar estén o no en Europa, por lo que el stop a la inmigración no parece un argumento demasiado válido.

En cuanto a la influencia europea en las normas británicas, desde este lado del canal da al menos la impresión de que es precisamente al revés, y que son países como UK o Alemania los que guían las palabras y los movimientos de la Unión como un ventrílocuo inmisericorde cuidándose bien de que sus actos y decisiones redunden en su favor y no les salpiquen demasiado quedándose, sobre todo Gran Bretaña, como se ha dicho, al margen de sus obligaciones principales y quedando lejos de cualquier cosa que pueda llamarse integración.

No, partiendo de la base de que les prestamos algo más de dos dedos de frente a quienes a lo largo de la historia, y a pesar de su aislamiento insular, han ejercido una poderosa influencia en el destino continental y mundial, el que buena parte de sus dirigentes, que son quienes al final van a llevar a la población a decidir una cosa u otra, aboguen por lo que a priori supondría una catástrofe económica para ellos hace sospechar que ven un poco más allá que el resto, o al menos se atreven a manifestarlo, y que su huída de la Unión Europea responde a otros motivos que, a la larga, podrían resultar más perjudiciales que perder algunos puntos del PIB. Dos son los candidatos que se me antojan más probables.

En primer lugar, no ha de perderse de vista que la Unión Europea está a punto de firmar el TTIP, ese infame libelo que va a suponer una argolla al cuello de Europa que la dejará económicamente, y quién sabe si políticamente, a merced de Estados Unidos y de las grandes corporaciones multinacionales. No es descabellado pensar pues que estas prisas por dejarnos no sean otra cosa que un intento de no dejarse atrapar en semejante ratonera y continuar siendo dueños de su destino, como casi siempre lo han sido. Al menos esta es la postura de una parte de los políticos británicos, que ven en el TTIP una amenaza a los servicios públicos, derechos laborales y autonomía política de su país.

Aunque, por otra parte, existe quien opina precisamente lo contrario, que ante las crecientes reticencias surgidas en el seno de la UE contra el TTIP, lo que el Reino Unido buscaría sería unirse al tratado aunque no lo hicieran sus socios (o ex socios) europeos, por entender que una economía fuerte como la británica resistiría y saldría reforzada si suscribiera el tratado desde una posición dominante y no aborregado junto con los demás “socios europeos”, que con socios así, quién necesita enemigos.

De todas formas, en uno y otro caso estarían dando cumplimiento al dicho típicamente inglés de “If I’m hot People can laugh”…

 

La segunda posibilidad que podría justificar las ansias separatistas de quienes no hace nada se oponían a su separación de Escocia (precisamente con el argumento de que Escocia saldría de Europa si se independizaba, que andan ya los kilts revolucionados en caso de Brexit) es una realidad palmaria: La Unión Europea se va al carajo, por usar un eufemismo.

Si ya desde su fundación y posterior expansión muchos países llegaron a ella dando el “si quiero” con la puntita de los labios y con un pie retrasado, siempre listos para dar marcha atrás, en estos nuestros revueltos tiempos hemos llegado a un punto de fractura.

Y es que, según se ve desde aquí abajo, los socios más ricos han puesto la directa y se dedican a exprimir a los menos influyentes imponiéndoles unas condiciones de convivencia leoninas y casi coloniales, qué os voy a contar.

A lo que hay que añadir la llegada de cada vez más socios que no acaban de asimilar aquello de asumir las normas y decisiones de las instituciones europeas, bien por no estar acostumbrados a someterse a instancias superiores a su soberanía nacional o bien, precisamente, por haber estado sometidos demasiado tiempo a organizaciones dictatoriales, o directamente por provenir de órbitas culturales demasiado diferentes. Estos países se ciscan directamente en Reglamentos, directivas, recomendaciones o acuerdos, y van a su aire al menor indicio de que no les conviene lo que dice mamá Europa, véase como último ejemplo de ello el tema de los refugiados.

El caso es que por arriba o por abajo, unos y otros están tirando demasiado de la manta europea, y es cuestión de tiempo que ésta, tan zurcida ya, se rompa por alguna costura, no siendo de extrañar que los ingleses, tan previsores, quieran evitar que la cosa les pille en medio haciendo mutis por Picadilly Circus.

 

O, a fin de cuentas, puede que a mí se me haya ido un poco la olla esta última hora.

 

¿Ché sara sara? O como diría el bardo inmortal, remain or not remain…

 

LA TRAMPA DE TRUMP

Yo no sé en qué andarán pensando allende los mares, concretamente en los Estados Unidos de Norteamérica, pero parece que de tanto en tanto sienten la necesidad vital de liarla parda para que al mundo entero le den un vuelco los higadillos, desde el Motín del té hasta la Guerra de Irak, pasando por la crisis de los misiles, la guerra de secesión o Vietnam.

La próxima catástrofe en ciernes se llama Donald Trump.

Después de varias intentonas y campañas fallidas, donde pocos tomaban en serio a aquel muchimillonario excéntrico y vociferante, está a punto de conseguir lo que parecía imposible: convertirse en un candidato con posibilidades de ser Presidente de los USA, ahí es ná.

Lo que parecía una nueva edición de sus juegos florales, al fin y al cabo es un genio de la comunicación, eso no se lo va a negar nadie, va camino de convertirse en una tragedia griega a escala mundial.

Si es que ya lo dice el refrán, tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. El problema es que esta vez nos lo van a romper en “tolcocoroto”.

Si creíamos que en cuestión de presidentes iluminados lo habíamos visto todo con Reagan, mucho me temo que el Sr. Trump va a parecer que el bueno de Ronald parezca un intelectual, Nixon un santo y Teddy Roosevelt y su Big Stick una hermana ursulina.

Su apellido significa “triunfo” y “pedo”, y los dos le vienen al pelo (bueno, mejor no hablamos de su pelo), porque triunfar no se puede negar que ha triunfado, y peer, se pee en todo el mundo, desde los latinos hasta los musulmanes, pasando por las mujeres, los pobres y el mismísimo Papa.

¿Es que quienes están aupándolo a la candidatura del partido Republicano, y sus potenciales electores, no ven que si hacen presidente a este señor, maletín nuclear, comercio internacional, TTIP y mayor ejército sobre la tierra incluidos, están poniendo el mundo en sus manos como quien regala un scalextric al niño psicópata de Toy Story?

Mi temor ante tal perspectiva, desde mi ignorancia, sólo es comparable al de los bomberos de Roma cuando vieron a Nerón sacar el chisquero.

Y mi esperanza es que, si finalmente gana la presidencia, las mentes frías del ala oeste de la Casa Blanca lo pongan en vereda.

Y si no, ya podemos rezarle a San Juan para que adelante el Apocalipsis, que aunque menos entretenido nos va a ser más liviano….

QUÉ HEMOS HECHO…?

… para merecer esto? pues votar a toda esta cuadrilla.

La cara de tontos o de algo peor que se nos va a quedar a vuelta de elecciones cuando a no mucho equivocarme esta panda de mastuerzos se repartan los garbanzos más o menos en la misma proporción que el pasado diciembre y se vuelvan a liar con aquello de quién se come la morcilla, quién los tuétanos y quien se conforma con lamer el plato.

Y todo por pensar más en el propio puchero antes que en el bien común aunque claro, el bien común es alto tan relativo como el elegir a qué comunidad queremos hacer el bien, (clases altas, clases bajas, clases medias, pequeños empresarios, grandes fortunas, monopolios con cómodas puertas giratorias) porque, por mucho que se escurecen en decir lo contrario, cuando PP, PSOE, Podemos (que manía con las “P”) Ciudadanos y el resto de cortejos se parten la boca hablando del bien común, en su cabeza no se están representando lo mismo.

Los intereses de todos estos conjuntos fluctúan y se interseccionan, y evidentemente es muy difícil satisfacerlos todos, pero es que ni siquiera lo han intentado, obsesionados como estaban en jugar al rey de la montaña.

Y es que si el sentido común, del que han demostrado carecer, es el menos común de los sentidos, el bien común es también el más escaso de los bienes, y cuesta alcanzarlo.

Ahora nos espera una campaña electoral de la que no quiero ni hablar, y a la que me enfrento dividido.

Por una parte dan ganas de enviarlos a todos a hacer puñetas, freír espárragos, tomar viento, tomar otra cosa o cualquier otra actividad lúdica que se les ocurra, por no oírles prometer lo que ni siquiera han intentado cumplir y echarse las culpas unos a otros como críos de primaria, y es que solo de pensarlo se me revuelven los entresijos.

Por otra parte, todavía me queda un hilillo de conciencia que me impide caer en la trampa de la indiferencia o de la abstención a guisa de castigo que entre todos estos catetos han armado y que no puede servir sino para perpetuar en el poder a quienes desde la podredumbre cada vez más manifiesta han venido ostentándolo los últimos años, a los que han asistido divertidos al despelleje mutuo de todos estos advenedizos, y que finalmente van a salir reforzados de toda la confusión y el espectáculo de prepotencia y de impotencia que los que se vendían como nuestros salvadores nos han dado estos últimos meses.

Pero lo que hace realmente aborrecibles a todos esos politicuchos es que si el común de los mortales, desde el quinto anfiteatro, se da cuenta de lo que está por venir, los que están en la arena lo deben tener por seguro, y aun así nos llevan al abismo.

Y lo que da ganas de llorar es darse cuenta de que no hay alternativa, pues lo que se nos presentó como tal no es sino otra cara del mismo mal.

España, angelico mio, en qué lío te has metio.

PANAMA (OFF) SHORE

Por si se nos ocurría relajarnos una miajina en estas postrimerías de Semana Santa (perdón, fiestas de la primavera por aquí por el Levante), no fuera que echásemos a faltar nuestra ración de disgustos e indignación, ha aterrizado en nuestras vidas vía noticieros la última chufla que nos dedican con todo su amor los señores pudientes de este nuestro mundo.

Si las personas bienpensantes (de cerebro para afuera, al menos) se indignaban en su día con las andanzas de los cuerpos privilegiados y mentes pizpiretas de Gandia Shore y todos los Shores americanos que lo precedieron, donde Labrador, Clavelito, Ylenia y compañía daban rienda suelta a sus hormonas y neuronas (las unas más que las otras) sin hacer daño a nadie más que a la vergüenza ajena, llega a nuestras pantallas algo que a mí me indigna más que el reality en cuestión, puesto que en contra del guionizado desfile de bikinis y chupitos, esto es realidad de la buena.

Me refiero al “escándalo”, por unos días al menos, hasta que consigan que lo olvidemos o nos den otra alegría de las suyas, de los papeles de Panamá y de las sociedades off-shore, esas compañías completamente legales pero que según todos los expertos que estos dos días se encuentra uno en las radios, televisiones y supermercados sólo sirven para ocultar dinero, de modo que pretender que se ha constituido una para otra cosa es como decir que te has comprado un revólver para lavarte los dientes.

Añado las comillas al escándalo más que nada porque un servidor, desde su ignorancia, no se traga que nadie en este mundo mundial supiera nada de tamaño tinglado, sobre todo teniendo en cuenta los nombres, cargos, familias y fortunas de los protagonistas de tamaño show, el número de participantes, que darían para quinientas o seiscientas ediciones, como poco, y lo ecuménico de su origen, que permite afirmar que para los clientes de Mossack Fonseca no se ponía el sol.

A la subida de bilirrubina que da el descubrir, o redescubrir, o constatar, porque, para qué nos vamos a engañar, esto no sorprende a nadie, que los más poderosos y pastosos del planeta, alguno de ellos adalid a ultranza de la transparencia fiscal, ocultaban gran parte de sus ingresos a través de sociedades intermedias (pregunten a cualquier experto por un doble irlandés o el sándwich holandés, o mejor, búsquenlo en Google como todo el mundo, y descubrirán que no tiene nada que ver con Masterchef, ese es otro reality), se añade el ya demasiado familiar sentimiento de que se están cachondeando de uno continuamente, por no pasar al modo soez y reconocer abiertamente que están realizando con nosotros determinadas actividades retroactivas que implican el uso de un lubricante derivado del petróleo, si no se opta por la mantequilla.

Y es que resulta chocante e indignante que en un mundo en el que la tecnología, la intercomunicación y la sobreexposición a los medios digitales permite que sepan de nosotros hasta con cuantas cucharadas de azúcar tomamos el café, este tipo de cosas se sepan gracias a la actividad de grupos de prensa, cuando no de outsiders como los Assange, Snowden y compañía, que mira tu por donde, siempre acaban en el trullo, y no de quienes tienen la responsabilidad de perseguir tales prácticas.

Todo ello no nos lleva a pensar sino que, si la cosa no es por falta de medios, será por falta de ganas, y que quizá pase con las evasiones fiscales y demás chanchullos como con el racimo de uvas del Lazarillo de Tormes, y que si estos las toman de dos en dos, los otros las toman de tres en tres y por eso se callan.

Pero no nos engañemos, hay muchos Panamás, y no están tan lejos, y los que no nos pongan los cuernos fiscalmente hablando allí lo harán en Andorra, Gibraltar, Suiza, Liechtenstein, las Islas del Canal, Luxemburgo o Peluchistán.

Yo no sé en otros lugares, pero a mí, que vivo y sufro un país en el que sangran a los autónomos y crucifican a los curritos a base de impuestos y otros instrumentos de tortura, estas cosas me abren las carnes, y el hecho de que con sus explicaciones inverosímiles, cuando las dan, no hagan más que echar sal en la herida y que con un escándalo tras otro no la dejen cicatrizar, me dan ganas de dejarlos a todos en una isla trufadita de escorpiones y disfrutar de “Supervivientes” hasta quedarme dormido.

MONTAÑESES

El acuerdo alcanzado por los partidos que controlan la mesa del Congreso ha relegado, dicen, a los parlamentarios de podemos a las filas más altas del hemiciclo, como aquellos Montañeses de la Asamblea que durante la Revolución Francesa encarnaron el ala más “izquierdista” del sarao más famoso de la historia.

Andan denunciando los podemitas la discriminación que eso supone, clamando al complot y a la conspiración contra lo que vienen llamando la nueva política, o sea, ellos, cuando en realidad deberían estar orgullosos de ser los herederos de quienes con sus ideales innovadores y su fuerza arrolladora fueron la verdadera fuerza impulsora de un movimiento que nos ofreció lo que a día de hoy se mantiene como el ideario básico y la fuente sentimental de toda sociedad “civilizada”, aunque luego se jodiera el invento, con Robespierre haciendo zumbar la guillotina a todo trapo (que ríete tu de las tarantinadas)  hasta que el 9 de thermidor a alguien se le ocurrió ilustrar a su costa aquello de que “quien a hierro mata…”, y a pesar de que en nuestros días Libertad, Igualdad y Fraternidad nos parezcan nuestras tías las del pueblo de las que conocemos la existencia pero a las que pocas veces vemos.

En cualquier caso, volviendo aquí y al presente, yo creía que los votos en el Congreso valían lo mismo si se emitían desde la primera fila o desde la cueva del señor Gomez de la Serna, pero parece ser que no, que se diluyen con la altura como el oxígeno camino del Everest.

No quiero pensar que lo que se busca con la pataleta es que los ubiquen en una zona más mediáticamente visible, y que en lugar del Congreso estemos hablando del plató de HMYV, donde lo que cuenta es enseñar cacho y pillar plano a cualquier precio y durante el mayor tiempo posible.

Pero que se tranquilicen los señores diputados, que total, nadie en su sano juicio ve las chapas de las sesiones parlamentarias (y menos para oír lo que ellos tienen que decir), donde por lo demás las cámaras se centran en el orador de turno o en las partidas del Candy Crash (y cosas peores), por no hablar del hecho de que en la mayoría de ocasiones aquello está más desierto que una maratón de zumba en Tunguska, con nuestros representantes trabajando “en los despachos” a tres euros el gin-tonic de marca.

Igual, y les regalo la idea, podrían aprovechar esos vacíos y, como los quinceañeros en el cine, ocupar las butacas que quedan vacías en las filas delanteras.

Reclaman que los demás partidos les cedan sus escaños, y en esto y en otras cosas parecen querer atribuirse determinados privilegios por derecho divino, si no fuera porque se dicen ateos, agnósticos, y en general “aloquesea”, pero a lo poco que yo entiendo, aunque nos pese y aunque sea a costa de alianzas un tanto contra natura que pueden asquearnos, tanto la formación de la Mesa como el reparto de escaños han quedado en manos de los partidos que separada o conjuntamente han obtenido en las elecciones una mayor representatividad que Podemos, y aunque ellos tengan cinco millones de votos, los demás tienen más, y eso es la democracia, con todas sus imperfecciones.

Señores diputados todos, dejen de pelearse por los pupitres, los cargos y los privilegios, y al turrón, que llevamos un mes de tonterías y a este paso esperando soluciones nos van a dar las uvas.