LA COLMENA

No teman, no voy  a homenajear aquí al insigne Marqués del Pijama y el Orinal. La coincidencia entre el titulo de este post y su libro es pura coincidencia, o quizá no, quizá la he buscado para aguijonear (que bien traído eh?) la curiosidad del personal.

             Se trata aqui simplemente de plasmar en el papel (¿Ah!, nosotros, los nostálgicos)  una simple reflexión, un tanto perogrullesca y que a buen seguro hemos tenido todos, que me vino al espíritu durante el ratillo de cola que eché el otro día en el Centro de Salud de mi pueblo, aprovechando uno de esos momentos de asueto y dolor de espalda que nos ofrece gratuitamente (o no tanto) nuestro castigado sistema sanitario, y que hacía tiempo me zumbaba en la cabeza como una abeja (hoy estoy sembrao) atrapada en mi modesto melón. 

            Y es que entre musaraña y musaraña caí en la cuenta de que, apenas había comunicado mis cuitas (siento el lenguaje, El Secreto de Puente Viejo causa daños irreparables en las mentes sensibles) a la amable señorita del mostrador A, que el señor del mostrador B, próxima parada de mi salutario peregrinaje sita a varios metros, ya disponía de dicha información en su bola de cristal transmutada en pantalla de ordenador, cosa que nunca deja de asombrar a este quien les escribe, que ante tales adelantos nunca ha dejado de tener la sensación de ser la reencarnación de un porquerizo galés del siglo XII, o al menos su equivalente tecnológico.

             Y comoquiera que para llegar hasta allí se me había asignado el número 120 y todavía se hallaba ocupado el funcionario con el afortunado número 92, empecé a dispersarme y a colegir que aquello no era sino un pequeño trasunto de lo que acontece de forma omnipresente en el mundo de hoy en día, o al menos en la parte del mundo que puede permitirse tener electricidad, ordenadores, móviles, tablets y demás trastos,  en la que hemos externalizado nuestro cerebro, en la que nos tragamos lo que nos dicen, jugamos a lo que está de moda, buscamos en la wikipedia sin pensar más que en cortar y pegar, deglutimos sin masticar la información que nos dan y, así, nos transformamos en obesos del conocimiento, con mucho peso pero sin sacarle partido, en lugar de obsesos hambrientos de saber y deseosos de hacer.

             Todos estos chismes, siguieron mis pensamientos mientras se adelantaba hasta el mostrador la viejecita nº 100, permiten que el conocimiento o la información de un individuo sea compartido rapidísimamente y esté al alcance de todos los demás individuos que componen “nuestra sociedad”, y no se si eso es bueno o malo, o lo malo que trae es un precio a pagar por lo bueno que nos da. No se si la ventaja de acceder rápidamente a conocimientos y opiniones compensa la pérdida de curiosidad, de criterio propio y el atocinamiento de nuestras neuronas, cada vez más en desuso. Que cada cual juzgue. 

           Y es que, del mismo modo que pueblos perdidos en la jungla colombiana pueden acceder via Internet, para bien o para mal, a todas las bibliotecas del mundo,  el flujo de información que corre por las cibervenas de ese mundo, bien dirigido, podría ser, como de hecho lo es, manipulado por ciertos elementos de forma que sus congéneres, nosotros, actuemos a su antojo y en su beneficio sin reparar siquiera en ello, como insectos gregarios.

         Y así, con el paciente 107 se me apareció el mundo como una gran colmena en la que algunas reinas, y bastantes zánganos, dominan y se sirven de una gran mayoría de obreros sin criterio ni ánimo propio, bien entretenidos con tonterías mil y cegados y cebados con pensamientos ajenos, y mi turno me llegó ya con el convencimiento formado de que el homo sapiens había evolucionado finalmente en el homo apiens, sometido a una vida insectoide y sin muchas aspiraciones en beneficio del bienestar de unos pocos.

            Y es que si desde el albor de los tiempos se había dominado a las masas manteniéndolas mal informadas, ahora se las domeña con un exceso de información, para que su espíritu no ande inquieto buscándola sino que, ahíto, siga los caminos que les trazan, aprovechando los avances tecnológicos para conseguir en un periquete y mucho más eficazmente la ponzoñosa labor que antaño podía llevar años, décadas, o quedar abandonada en un camino embarrado.

             La prueba definitiva de que la información es poder la tenemos en que quienes la utilizan en su beneficio la están libando (siguiendo con el símil) continuamente de nuestra vida diaria, con encuestas, estadísticas o estudios de mercado, o directamente de nuestras comunicaciones, cuando alegremente la publicamos en las redes o damos permiso a una aplicación con un gato que se tira pedos para que acceda a nuestros contactos, fotos, historial y talla de zapato, sin preguntarnos para qué c….  (rellenar al gusto) lo quieren, o sin que nos importe, o bien tomándola sin más de la fuente, sirviéndose a manos llenas de los datos de los servidores (igual de ahí viene el nombre), o pinchando un cable submarino aquí, otro allá, y todo “por nuestra seguridad”, de lo que no se salva ni el tato ni la teutona, y si no que se lo pregunten al Sr. Snowden y a la Sra. Merkel, porque nuestro barbitas de cabecera parece que no se entera en este sainete a lo “Espia como puedas” con el que nos están amenizando los noticieros estos últimos días.

            En resumen, cabe preguntarse una vez más si vale la pena vender nuestro cerebro al diablo a cambio de los placeres espúreos que nos ofrecen las nuevas tecnologias, morder la manzana (que imagen, que imagen Sr. Jobbs) del árbol del conocimiento fácil, a cambio de ser expulsados del paraíso de nuestra propia conciencia, curiosidad y voluntad, con todas sus alegrías y sus miserias, dilema que, si bien es tan viejo como el mundo, en nuestros días se me antoja más acuciante.

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Parot? se puede saber que es eso?

Un poco de objetividad nunca viene mal.

En Zapatillas de Andar por Casa.

       El gobierno español se ha llevado otro palo de dimensiones colosales, ya ves que novedad, uno más…. No teníamos más que ver al Ministro de Justicia y al de Interior, Alberto Ruiz 20131021155946-672xXx80Gallardón y Jorge Fernández, cariacontecidos y balbuceantes intentando explicar algo en un ambiente que recordaba aquello de “Españoles, Franco ha muerto”. El caso es que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), más conocido como la Gran Sala de Estrasburgo, ha confirmado por quince votos a favor y dos en contra (el resultado parece propio de Nadal) que la práctica judicial que se utiliza desde 2006 para mantener en la cárcel hasta 30 años a los terroristas y delincuentes más horrendos  viola el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

        Pero, ¿puede saberse que es eso de la doctrina Parot? Habitualmente en España el tiempo máximo en prisión era de 30 años…

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