LA PODA

 

Sr. Don Felipe VI en ciernes.

 

Que conste que como la mayoría de españolitos ya estoy un tanto harto de toda la murga que unos y otros están dando con lo de la abdicación de su señor padre y la coronación de usía, por no hablar de los coros y danzas republicanos y sus palmeros, por lo que prometo ser breve y manifiesto mi firme propósito de no escribir ni una jota ya sobre el particular, pero no me resisto a fijar estas reflexiones formato calle cual flecha de parto, o zurullo, según lo vea cada cual.

 

Antes de que el personal le coja aún más ojeriza a la institución monárquica a la que usted va a representar, y si quiere evitar que a la primera mayoría parlamentaria que se muestre propicia a otra forma de gobierno, sea la república, sea la teocracia voodoo, talen el reinado de su árbol genealógico en este nuestro país, (que ya empezó mal con la semilla renegrida de su tocayo Felipe V), debería usted proceder a podar ciertas excrecencias que afean a la regia planta y que a poco que se eliminen podrían quizá revigorizarla, si es que las raíces mismas no se han visto ya afectadas.

 

Me estoy refiriendo obviamente a cosas tales como sueldos faraminosos para niñas de ocho años, al mantenimiento de ciertas prerrogativas del rey saliente, al aforamiento de don Juan Carlos una vez cese en sus funciones, al “aforramiento” de sus allegados y chupópteros afines y al suyo propio si se terciase, así como a todos aquellos fastos y gastos que no sean necesarios para el cumplimiento de lo que tiene encomendado, y a dejar de mantener a todos sus hermanos y vástagos respectivos (que así yo también me reproduzco, aunque sea por esporas, cuando hay personas que no pueden mantener a sus hijos), por no hablar de cacerías, correrías y otros dislates.

 

Porque la riqueza de todo hombre, y sobre todo la de uno que aspira a gobernarlos, no está en sus arcas, sino en la consideración en que se le tiene, y aunque parezca usted majete y aspirante a campechano, aunque un tanto tiesín, el personal está para pocas bromas y a poco que te descuides te montan una república, literally,  como habrá podido comprobar, y puesto que su Alteza-cuasi-Majestad está ahora en primera línea de tiro, deberá aprender de los errores de su predecesor, que no fueron pocos, todo sea dicho, aunque ahora, en este periodo de a rey muerto (es un decir) rey puesto, todo sean loas por su intervención en la transición, y lo demás pelillos a la mar, pobrica, por si no le echáramos ya bastantes porquerías. Y es que como diría Alfredo I el Cambiacapas, los españoles “enterramos bien”.

 

En sus manos está, pues, obtener esa consideración que le permita enraizar para poder aguantar cuando soplen malos vientos para la monarquía, y mire que por aquí se nota ya cierto fresquete.

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