INTERREGNO

En el Egipto de los faraones, durante el largo periodo de duelo entre dos monarcas se temía que sin la presencia de Faraón los malos espíritus invadieran el reino y los vecinos hicsos, hititas, nubios, y algún que otro sacerdote de Amón aprovecharan para darse un garbeo por Tanis, Menphis, Tebas, Heliopolis, Avaris o la capital de turno, a ver qué se cocía y que pillaban por ahí.

 

En este limbo regio en el que se halla la piel de vaca famélica que habitamos (ya resulta muy pretencioso llamarla la piel de toro), parece que la situación incierta en la que la inactividad legislativa durante los últimos 39 años nos ha dejado y el desconcierto subsiguiente, que si el rey se va, que si el otro viene, ha decidido a quienes abogan por la república a exigir un cambio de sistema político ipso facto y por la vía rápida gritando a viva voz lo que antes trasegaban entre dientes.

 

Es legítimo, evidentemente, reivindicar la república, y dado el escenario propicio, el hueco dejado por la legislación, meter en él la cabeza y aprovechar el eco para hacerse oír, convocando manifestaciones, concentraciones, usando los medios tradicionales y las redes sociales para extender el mensaje.

 

Pero se me da que igual de legítimo era reivindicar la república antes de este momento, sin que hasta ahora le haya parecido a este ciudadano de a pie y renqueante que lo pidieran con tanto ahínco, y mucho más lo será si, en próximas legislaturas, las fuerzas políticas que defienden la república aumentan su presencia en el parlamento, como parece que es la tendencia, hasta obtener la mayoría suficiente para imponerla mediante la reforma de la Constitución, cosa que ya tendrían, por otro lado, si el PSOE, al más puro estilo de la Casa Frey, no hubiese vuelto grupas renegando de su ideal republicano. Quién sabe, quizá en un futuro vuelven a cambiar de lealtades, se cuelgan la escarapela y cambian el nombre de la calle Ferraz por calle Los Gemelos.

 

Pero lo que ya me rasca un poco más es que se pretenda que ese cambio se haga por las buenas, engañando al personal pidiendo un cambio que hoy por hoy, según las reglas del juego y las fuerzas políticas, no puede darse, aumentando su frustración y el cabreo perpetuo que ya se va integrando en nuestro ADN ante tanta corná que nos van dando aquellos que están encantados con que el debate entre corona o gorro frigio, entre galgos y podencos, desvíe nuestra atención de la debacle sufrida y de las nuevas jugarretas que nos tienen preparadas y que nos van colando poco a poco mientras estamos en otras.

 

Ciudadanos, no nos desviemos de lo importante, no distraigamos el mensaje que ha parecido calar en el pueblo con el auge de nuevas fuerzas políticas que prometen una mayor justicia social con un esfuerzo que hoy por hoy no conduce a nada. Afianzad posiciones, ocupad las instituciones, controlad la cabecera de este tren y desde allí cambiad su rumbo, hacia la república y más allá si así se quiere. Vamos por el buen camino, que no haya de torcerse.

 

Porque, aunque la monarquía de uno sea una monarquía bananera, con yernos, elefantes,  osos borrachos y demás fauna, si uno cambia las reglas del juego a mitad de la partida se arriesga a que le hagan trampas, y a que otros a su vez pretendan cambiarlas razón propia en mano, y ya tenemos el lio montado, rompemos la baraja y sacamos las navajas, y que gane quien la tenga más larga.

Y si no, mira, puestos a ello, pido desde ya un referéndum para aprobar un matriarcado tribal, porque, ¿Quién es más sabia, cabal y lleva más razón que una madre?

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