LOS OTROS

Desde estos señores de los pajaritos llegaron al poder, que como todos sabemos les pertenece por derecho divino y por pertenecer a una casta superior que siempre lo ha detentado excepto en algunas épocas en las que accidentalmente los hijos de los fontaneros y obreros que nunca debieron ni pudieron acceder a estadios superiores se hicieron indignamente con él (les suena el cuadro?), desde su retorno al lugar que les corresponde, decía, todos andamos indignadísimos con ellos, nos quejamos de todas sus decisiones (se lo ganan a pulso, obviamente), salimos a la calle (por fin) inundamos el ciberespacio con fuegos artificiales en forma de tweets, blogs, hastags, post etc…, pero pocos se fijan en el reverso de la moneda.

Ese reverso lo constituyen, a mi entender, quienes deberían erigirse en barrera frente a la marea que nos inunda y nos ahoga, en muralla contra los ejércitos del abuso y la insolidaridad, en espada que cercene la bota que nos pisotee, en campeones que se alcen y frenen el avance triunfal del ejército oligarca, con nuevas ideas, nuevas actitudes, con nuevas fuerzas, o mueran en el intento, en el semen (si, he dicho semen, me va mejor que germen para la imagen que viene a continuación) del que renazca la sociedad del bienestar y de los derechos. Me refiero obviamente, a “la oposición”.

Pero resulta que esas paredes, esas murallas, son de papel, la espada, de atrezzo y sin filo, los campeones, blandos y fofos, o muertos directamente, y el semen, sopa clara.

Como fantasmas, los señores de la oposición son seres insustanciales, perdidos en su realidad, incapaces de hacerse ver u oìr, no un gobierno en la sombra, sino solamente sombras.

En lugar de forjar alianzas, internas y externas, de ofrecer verdaderas ideas, de pelear calle por calle, concepto a concepto, de emprender acciones allí donde no alcance el mazo que nosotros mismos hemos puesto en manos del gobierno, de avanzar a la cabeza de la lucha y la resistencia, se los ve deslizarse pálidos por los pasillos, por las esquinitas de las pantallas de televisión, apretaditos en el pelotón esperando el desgaste del líder, haciendo tímidos comentarios de nadar-y-guardar-la-ropa, no sea que se enfade alguien, cuando no haciendo patochadas que les parecerán muy valientes y osadas, pero que al final no son más que el entremés cómico del día. Señores, si nos sacamos las camisetas, no nos desnudemos a medias y con miedo como un colegial que se va de putas, saquémonos también los calzoncillos y mostrémosles el culo a quienes pretenden darnos por el idem.

No es de extrañar que esta “oposición” defraude al personal más que aquellos a los que deberían oponerse, que el personal, a pesar de los desmanes de los hombres-gaviota, que si algo tienen es muy claro lo que quieren, una fuerte voluntad y una cara como de cemento armado para conseguirlo, siga votándoles durante veinte años, y lo que te rondaré morena, porque ven a “la alternativa” sin chicha y sin sustancia, iguales a los otros en sus ambiciones y comportamientos (en muchos, demasiados casos con razón), igual de corrompidos y de espaldas a la sociedad.

No pido un Mesias, un superhombre, o supermujer, solo personas que miren más allá de sus intereses, tengan claro qué es mejor para la mayoría, aunque no sea bueno para sus negocios, los de sus cuñados, primos y nietos, y sepan cómo intentar conseguirlo, que se muestren y que luchen por ello, aunque se peguen la gran galleta, y, sobre todo sobre todo sobre todo, que sean capaces de inspirarnos, de sacarnos de nuestra comodidad y apatía y hacer que les acompañemos en su lucha, pues de otro modo el triunfo será imposible. Nunca les agradeceremos lo bastante su esfuerzo.

Pero con la tropa que tenemos ahora, no entramos ni en combate y, de todas formas, si alguna vez ganan la batalla, Dios nos pille confesaos.

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2 comentarios el “LOS OTROS

  1. Alejandro dice:

    En definitva, tenemos un a clase política mediocre. ¿Realmente nos la merecemos?

    • dorbieu dice:

      Pues mucho me temo que si, Alejandro. Una de las ideas es que la sociedad debe cambiar desde la base, para que quien sea que deba liderar el cambio tenga donde sostenerse. Un poco como los castellers, porque si no, por mucho que se eleve, cuando le falte el apoyo de las bases, se va a dar un castañazo, y a la gente le va a servir de poco.

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